Depresión, pánico y bipolaridad

Depresión, pánico y bipolaridad

En la actualidad lo que más se acepta es que estos desordenes se producen por una predisposición genética, que al interactuar con factores del entorno, sobre todo en las etapas tempranas de la vida , constituyen  un terreno  vulnerable,  sobre el cual las experiencias traumáticas  o estresantes pueden  desencadenar estos trastornos.

Los trastornos por depresión y por ansiedad, son problemas habituales de salud mental que afectan a la capacidad de trabajo y a la productividad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el 30 de marzo del 2017 que la depresión es en la actualidad la principal causa de problemas de salud y discapacidad en todo el mundo. Según las últimas estimaciones de este organismo, más de 300 millones de personas viven con depresión, y más de 260 millones tienen trastornos de ansiedad. A su vez, estos trastornos son altamente comórbidos entre sí.

La comorbilidad más frecuente del Trastorno Depresivo Mayor (TDM), son los Trastornos de Ansiedad. Dicha comorbilidad empeora el pronóstico de la enfermedad y la respuesta al tratamiento.

El Trastorno de Pánico (TP), junto con la  agorafobia, son los Trastornos de Ansiedad por los cuales se realizan la mayor cantidad de consultas médicas, ya sea por el dramatismo de las crisis, como por la ansiedad anticipatoria o las conductas de evitación; síntomas que generan  gran angustia y preocupación, tanto en el paciente, como en quienes lo rodean. En muchos casos el TP suele preceder al trastorno depresivo.

A pesar que el TP promueve la mayor cantidad de consultas, no es el Trastorno de Ansiedad más frecuente. Según las diferentes versiones de la Encuesta Nacional de Comorbilidad de Estados Unidos (National Comorbidity Survey), las fobias, tanto las específicas como la social (esta última, actualmente denominada Trastorno de Ansiedad Social), son los Trastornos de Ansiedad más frecuentes, tanto en adolescentes como en adultos.

Entre los diferentes diagnósticos diferenciales del TDM, el Trastorno Bipolar (TBP) es el principal que se debe considerar. Este trastorno afecta alrededor de 60 millones de personas en todo el mundo, según la OMS.

Un alto porcentaje de pacientes que concurren a la consulta por cuadros depresivos presentan Depresión Bipolar (DBP), la cual habitualmente es mal diagnosticada.

Diferentes trabajos revelan que el TBP II, (la forma más frecuente de presentación del TBP) caracterizado por episodios depresivos, con por lo menos algún episodio de hipomanía, está entre los trastornos psiquiátricos peor diagnosticados y tratados. Estos hechos aumentan el costo del tratamiento, retardan el tiempo para la remisión (quedar sin signo sintomatología) y empeoran el pronóstico de la enfermedad. Habitualmente, este trastorno comienza con un episodio depresivo. Estos tipos de episodios, además, son los que predominan en la historia longitudinal de este desorden.

La posible confusión entre depresión unipolar y bipolar, es porque los pacientes con bipolaridad habitualmente se presentan con depresión. En el estudio realizado en el año 2013 por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos denominado Collaborative Depression Study (CDS), en el cual se reclutaron 955 pacientes con trastornos afectivos, se demuestra, al igual que lo habían hecho autores previos, que los pacientes con TBP estuvieron asintomáticos prácticamente la mitad del tiempo,mientras que la otra mitad sufrieron algún subtipo de depresión, presentando sólo episodios aislados de hipomanía en el TBP II,  o de manía, en el TBP I.

La dificultad diagnóstica del TBP II radica en que los cuadros de hipomanía son difíciles de detectar, a diferencia de los de manía del TBP I. Debido a esto, muchos pacientes con TBP II son diagnosticados como pacientes con TDM. Dicha dificultad aumenta si se considera que incluso algunos pacientes que solamente han cursado con episodios depresivos, sin presentar ningún cuadro de hipomanía, con el tiempo pueden desarrollar un TBP  cuando poseen determinados factores de riesgo. Esta complejidad diagnóstica es aún mayor si se consideran las diferentes formas de cuadros mixtos, en los cuales existen síntomas asociados de depresión y de hipomanía o manía.

Los pilares fundamentales en los que se sustenta el pronóstico de estos trastornos son el correcto diagnóstico, conjuntamente con un tratamiento basado en la mejor evidencia científica disponible a nivel mundial, y la posibilidad de comprender la problemática singular de cada paciente.

Según la OMS, aproximadamente el 50% de los pacientes depresivos no reciben tratamiento. A su vez, diferentes trabajos señalan que esta problemática es mayor, si se considera que aún en aquellos pacientes que pueden acceder a la consulta médica, menos del 40% a nivel mundial logran la remisión después del tratamiento de un primer episodio. La falta de remisión facilita nuevos episodios; y con cada uno de ellos se empeora considerablemente el pronóstico de la enfermedad.

Debido a lo enunciado, es de central importancia la consulta temprana al profesional para poder realizar un diagnóstico precoz, que incluya las comorbilidades, los diagnósticos diferenciales y la evaluación del riesgo, pudiendo así implementar rápidamente tratamientos eficaces para cada caso en particular.